El cable absurdo (Cuento)

El cable absurdo

»No lo entiendo, por alguna razón no funciona. Si hubiese sabido que era tan difícil ahorcar a alguien con un cable de computadora, hubiese intentado con uno de teléfono.

El cable de laptop termina por ceder, y Rafael cae como un peso muerto.

—Auch… —Toma aire, angustiado—. ¿Por qué me haces esto?

—Verás… Todo comenzó cuando te dije que no movieras mi computadora.

Rafael niega con su cabeza, con más miedo que sangre en el cuerpo.

—¿De qué hablas?

—Oh, cierto, tú no fuiste —se disculpa Ranses—. Bueno, entonces tendré que matarte por haberte comido mi patilla.

—¡Ese tampoco fui yo! —Recibe un golpe en el rostro, y sus labios comienzan a sangrar—. ¿Por qué me haces esto?

—¡Dímelo tú! —grita enojado—. ¡Yo no me acuerdo!

La piel de Rafael se eriza, y con una expresión fúnebre niega una y otra vez cualquier acusación que le arroja su atacante.

—Tengo hambre, ¿sabes? —Se saca una tela del bolsillo—. ¿Quieres comer?

Con su mano le atapuza en la boca un pedazo de pañal que lleva consigo. Rafael se retuerce sin dejar que el paño se adentre en sus dientes, pero es poco lo que puede hacer frente a un basquetbolista tan bueno como lo fue alguna vez Ranses.

—¡Dime por qué te quiero matar! —grita enojado—. ¡Cuéntamelo!

Por la mente de Rafael pasa una serie de imágenes, que al igual que las gotas de sudor que lleva en la frente, se desaparecen por la fuerza brutal de las agresiones de Ranses.

—¡Te gusta el agua! —grita tirándole un tobo encima—. ¡Te gusta estar ahogado!

Azotada su cabeza por el chapuzon repentino, Rafael sólo percibe las palabras “golpeaste”, “practica”, “era mí” y “muerto”. Aún con la distorsión del sonido, Rafael no pudo evitar el llanto al entenderlo todo.

—¡Lo siento! —expresa con la cabeza levantada y sangre en los ojos—. ¡No quise matarlo! —Ranses se detiene, y pisa el rostro de Rafael con sus enormes botas—. Yo sólo entré ese día a tú casa para ver qué habías hecho con la sandia que me robaste. —Su cráneo, adolorido, percibe cada vez peor la presión de los 120 kilos que tiene encima—. Iba a robarte el balón, pero terminé por driblarlo muy rápido, y un vaso con agua chocó con tu laptop, la cual cayó, junto con los cables… —Un pisotón detiene su hablar, y una de sus muelas se sale de su sitio.

—Mataste a mi primito… —Levanta la pierna—. ¡Creí que yo lo había matado!

Rafael siente la manos de Ranses ahorcándole. Antes de que su conciencia se apague, termina gritando con voz ronca:

—¡Lo siento!

Cae desmayado, y a los segundos, muere de asfixia por culpa de un pañal de recién nacido.

Habían pasado veinte años desde el evento que Rafael mencionó, pero las repercusiones en la vida de Ranses eran notables. La idea de culpabilidad lo trastornó hasta dejar el baloncesto, y acabó por quebrar su psiquis.

—Y yo que te iba a matar por otra cosa. —Toma un cuchillo, y corta la carótida de Rafael—. Pensar, que la razón por la que te iba a asesinar, es por haber tirado aquella vez mi teléfono al agua.

Fin

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Link de las imágenes:
Foto de un bebe con una laptop, ya que fue lo más cercano que encontré para este post
Separadores de steemit

Este es un cuento muy viejo que quería publicar ayer pero no pude. No sé en que estaba pensando cuando redacté esto hace más de un año, pero sin lugar a dudas, es una de mis obras más particulares (aunque no de gran calidad) Tras mucho pensarlo, creo que puedo resumir la realidad de este cuento en una simple historia:

Recuerdo que lo hice luego de que naciera un primito. Yo me sentaba a escribir al lado de su corral, y recuerdo que era tanto mi miedo de que mi laptop le cayera encima (o el cargador) que evitaba todo lo posible estar cerca de él bajo esas circunstancias (o el agua, no fuera que le cayera encima y ocurriese una tragedia).

Creo que había estado haciendo en la computadora un trabajo sobre las reglas del baloncesto (tedioso, la verdad), y tal vez de allí, y de la idea de que mi computadora chocara contra un balón por accidente, surgió esta historia (que vendría a ser una manifestación de diversos temores). En ese entonces escribía a diario, de lo que fuera con tal de escribir, y supongo que de ese carácter errático surgió esta narrativa tan extraña y errática (¿Os dais cuenta de que la historia comienza con un pensamiento del protagonista? Creo que ya casi nunca hago eso, pero en este caso no queda tan mal).

De resto, Rafael es el nombre de un amigo con el que tengo tiempo sin hablar (porque es muy snob tecnológico y prefiere hablar por instagram que por whatsapp) y con el que pude estar molesto o no al momento de escribir esto; de lo que sí estoy seguro es que luego de ello, le conté sobre lo que había escrito. Puede que no estuviese molesto con él, pero como es Rafael, puede que en una Rafaelantoneada me hubiese causado tal nivel de frustración que derivó en esto.

Rafael es muy Rafael. Lo extraño, y con un poco de suerte, terminará leyendo esto. Y con algo más de suerte, le acabará gustando (y no usará su conocimiento legal para cobrarme por el uso de su existencia en esta obra).

Me pareció curioso que el nombre del asesino (al cual en el borrador original era obeso y caníbal, pero eliminé las insinuaciones a esto porque hasta yo tengo un límite para lo morboso) fuese Ranses, personaje protagonista de una historia, que sinceramente, no sé si ya para ese entonces tenía en mente. De resto, es muy curioso que si bien la mitad de lo que aparece en este cuento no tiene sentido, de algún modo en retrospectiva sí lo tiene.

Eso sí, lo de la patilla, es probable que fuera un invento mío sin sentido. Espero que a pesar de eso les haya gustado, y que por lo menos, les haya hecho gracia este cuento tan extraño.

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