Sin luz en Venezuela


Sin luz

No hay luz. Escribo estas palabras luego de, por lo menos, 32 horas sin energía eléctrica. Por favor, liberadme. En serio, tengo la abstinencia a millón, me duele la espalda de tanto estar en el chinchorro, y para colmo, solo parece que esto no va a acabar. He tenido que prender la laptop, sin nada en particular que escribir, solo para acabar expresándome en este mismo instante en lo que vendría hacer la versión censurada de lo que pienso; porque sí, estoy tan molesto que acabaría diciendo muchas groserías que afectarían la pulcritud narrativa y visual que engloba mis textos.

La luz se fue mientras jugaba steemmonsters. Volvió al día siguiente, a las diez de la noche, tan solo para irse entre las diez y las doce del día siguiente, mientras jugaba steemmonsters. Es casi filosófico, si me lo preguntas; es como que si el universo me enviase un mensaje (debo comprar un mejor servicio internet).

Justo ahora mora el silencio. Hasta unos instantes oía las cacerolas, con el oído atento, esperando a que toda esa frustración se convirtiese en júbilo en el instante en el que la energía eléctrica llegase, y con un poco de suerte, no se volviese a ir.

Ya no hay protesta, y yo he tenido que calmarme. Ya he golpeado muchos muebles, ya he soportado muchas burlas y comentarios al respecto de lo exagerado que soy. Pero sí, detesto esto. Lo odio, como le dije a mi madre cuando me preguntó por la rabia que tengo dentro.

Me duele el cuerpo. Esto no ha sido descansar, y eso que tuve el viernes libre debido al apagón. Simplemente, no puedo seguir con esto. No sería sano. He tenido que sentir la presión en la espalda, el enojo, el hastío de no tener nada que hacer, y por sobre todas las cosas, realizar cuestiones que no quiero solo para sentir que estoy haciendo pasar el tiempo.

Tuve que estudiar inglés, pero no quería. Me dio una enorme ira hacerlo, me enojé con supremacía con solo pensar en ponerme a leer un viejo libro sobre Egipto. Eso no es lo que quería, y en este instante, aún no es lo que quiero. Aceptar esas cosas, cambiar mi rutina, es como resignarme a todo esto, aceptar que simplemente estoy bien y seguiré, normal. Pero no, yo no me resigno, o al menos me niego a hacerlo viéndole el lado positivo a esta situación.

Mi espalda aún tiene una enorme presión. Cuando volvió la luz hasta me sentí ansioso; ahora aspiro que vuelva pronto, por favor.

Yo no sé, he pensado que soy un malcriado, un exagerado. Me criaron así, vivo en esta generación. No he tenido que pasar trabajo, y la vida ha sido buena. Soy muy agradecido y afortunado, pues es mucho lo que tengo. Pero no, por favor. Que haya gente resignándose, que exista gente en una situación peor que yo, que sufra como yo, o que nunca haya tenido lo que yo tengo, no hace menos válido lo que siento.

Perdonen, pero se entiende mi frustración. No sé como harán los enfermos, los heridos, o la gente que dependa de la luz para laborar. En lo personal, yo solo quería hacer la tarea, jugar steemmonsters, y ver videos en youtube. Pero no, no he podido, y justo ahora creo que mis motivos para estar molesto son legítimos; el que alguien pueda estar sufriendo más que yo no le quita razón a mi frustración.

Vivo con la necesidad de la electricidad, de la tecnología, del mismo modo como antes de mí se vivía del correo o del molino. Pero eso no me interesa. Solo me importa lo que yo siento ahora.

Soy responsable. Creo que todos cumplimos con nuestras responsabilidades, y de un modo u otro, no nos merecemos esto. Solo quiero saber quien es el responsable de esta tragedia, de esta burla hacia todos los venezolanos; quiero que me diga si ha valido o no la pena haber llevado a tantos a un nivel de frustración y necesidad simplemente insospechado.

Creo que hoy he perdido algo de mi fe en la humanidad. Sin luz, sin whatsapp, sin redes sociales, sin nada que nos distraiga de la realidad, y no hay afuera una enorme marcha. Hasta hoy creía que si algo así pasaba, no nos quedaríamos resignados.

Muchas horas después…

En retrospectiva, ahora que ha vuelto la luz, no sé si tener más esperanza en la humanidad, o menos. Los jóvenes no han enloquecido, lo que me parece demostrar una menor dependencia de la que esperaba; y aún así, creo que no he de alegrarme. Me falta ver la tasa de suicidios para entender si es válido estar contento porque aún conservamos la facultad de la cordura, o entristecerme por las consecuencias que esto nos ha dejado.

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Vela
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